Miércoles 23 de mayo de 2007, por Javier Burgos
La cada vez más habitual concepción de la literatura en todos sus ámbitos como simple entretenimiento y, en demasiadas ocasiones, como mero objeto de consumo, contrasta con una visión radicalmente distinta y, cada vez más definida, de una literatura que busca intervenir en la realidad para transformarla, una literatura que busca y promueve el cambio social, que investiga y fomenta la crítica y la reflexión. Esta literatura que podríamos definir como conspirativa, trata de poner de relieve las contradicciones del sistema que por doquier aparece, ese sustantivo ya tantas veces usado: el capitalismo versus la economía de mercado.
No es fácil editar cierto tipo de libros conspirativos en este país que puedan llegar a una parte importante de la población; los circuitos y las ediciones son, salvo ciertas excepciones, marginales y pequeñas. Sin embargo, su consolidación en el panorama literario es ya una realidad que emerge poco a poco. Los grandes grupos mediáticos apuestan por un circuito de editoriales y autores propios que cada vez más caen en el autobombo, la crítica favorable descarada, la autocomplacencia y terminan moviéndose en una especie de sillón acomodaticio. La gran mayoría de estos escritores acaban creando una literatura que no se mueve un ápice del sofá para criticar al sistema y navega, por el contrario, muy cómoda en sus aguas.
Otros autores caen derribados por la economía de mercado y son absorbidos por las editoriales en un abrazo del oso paulatinamente más melifluo. Y es que escribir a contracorriente no es fácil, desanimarse es legítimo ya que la lucha es dura, pero terminar escribiendo laxos textos autocomplacientes desde el púlpito de los somníferos es, sinceramente, una derrota intelectual, aunque sea descaradamente una derrota no económica, es decir, una nueva victoria del dinero.
Escribir en una editorial que controla el mercado y que vive de él te narcotiza para una crítica mí mínimamente coherente del neoliberalismo. Hay excepciones, claro está, pero arropadas siempre de una calidad literaria indiscutible y de una coherencia ideológica importante e ineludible; habría que decir aquí que la coherencia absoluta es evidentemente imposible, inherente, claro está, a la inevitable pertenencia a un sistema capitalista contra el que se lucha desde dentro.
La literatura es placer, es estética, es imaginación, pero también es crítica, irreverencia, conspiración, revolución, transformación, discusión, colectivo, sociedad, análisis, lo real y la contracorriente permanente. Basta con echar un vistazo al mundo en el que habitamos para confirmar que la literatura no puede conformarse con ser un mero entretenimiento; sin embargo, muy a nuestro pesar se está convirtiendo en un acto más de consumo y si la literatura, en todos y cada uno de sus planos, se consume, es que se está convirtiendo cada vez más en un cadáver encuadernado.
Pero aún hay una literatura conspiradora que se mantiene fiel a un concepto de escritura que quiere transformar, busca esa transformación e interviene en la realidad. Recuperaremos en esta pequeña reseña a algunos autores y autoras muy variados, algunos ya fallecidos, obras actuales, obras antiguas, autores conocidos, olvidados, galardonados, marginales y alternativos, pero con un denominador común: la literatura radicalmente comprometida (cuidado aquí con la prostitución de los significados que se viene cometiendo con esta palabra de forma ignominiosa, “radical” es aquello que busca y va a la raíz de los problemas).
Trataremos de que el lector tome este artículo como guía de lectura si así le place, así que daremos exiguos pero orientativos comentarios acerca de la temática de los diferentes libros, otros se encuadrarán dentro de un tema y su título ya lo dirá todo. De lo que se trata aquí es de llamar la curiosidad del lector sobre una serie de libros y que (ahora me dirijo sin sutilezas a vosotros) os animéis a leerlos y a descubrirlos con curiosidad.
En un primer apartado de filosofía bastante asequible y ensayo nos encontraríamos con el irreverente y divertido “Curso acelerado de ateísmo” de Antonio López Campillo y Juan Ignacio Ferreras; si nos ponemos más serios, conviene pasar a la excelente crítica documentada a las religiones monoteístas de Michel Onfray: “Tratado de ateología”.El desasosiego capitalista aparece en “La cultura del capitalismo” de Richard Sennet y, más concretamente, sus consecuencias en nuestro país en “El subdesarrollo social en España. Causas y consecuencias” del incombustible Vicenç Navarro. Las mentiras de los medios para no desenmascarar y adornar el capitalismo todo lo que pueden de forma vergonzosa las podemos encontrar analizadas en el irónico libro de Pascual Serrano: “Perlas, patrañas, disparates y trapacerías en los medios de comunicación”.
El análisis de la sociedad mundial después del 11-S y de la deriva a la que estamos llegando tiene unas páginas demoledoras en su análisis de la realidad en “Vendrá la realidad y nos encontrará dormidos (partes de guerra y prosas de resistencia)” de Santiago Alba Rico. Los datos que nos deberían llevar a que esa realidad no nos pille dormidos de verdad los podemos encontrar en “El año que tampoco hicimos la revolución” del Colectivo Todoazen.
Si resulta que vamos conectando más con la filosofía porque la mayoría de las novelas ya sabemos lo que nos van a contar y no nos interesan, podemos indagar en autores como Carlos Fernández Liria: “El materialismo” o como el filósofo esloveno Slavoj Zizek: “Bienvenidos al desierto de lo real”, o leer al ya fallecido Pierre Bourdieu para conocer sus interesantes opiniones sobre educación, cultura y modernismo. En el campo de los ensayos, es siempre refrescante salirse de las versiones oficiales del sistema en algunos temas como Cuba y la guerra civil y contrastar otras opiniones para aprender siempre. Así, podemos leer sobre la revolución cubana fuera de las consignas mediáticas habituales en libros como “Informe 2005: Cuba” de Varios Autores en la Editorial Hiru y “Mañana, Cuba” de Andrés Sorel.
En cuanto a la guerra civil española y al franquismo, podemos encontrar desde la interesante novela de Isaac Rosa: “El vano ayer”, que narra los procesos depurativos en la universidad en aquellos tiempos oscuros (y que recibió hace dos años el importante Premio Rómulo Gallegos de literatura latinoamericana); pasando por el descatalogado “Revolución y contrarrevolución en España: la guerra civil” de Félix Morrow que habla de las luchas revolucionarias en primera persona; hasta la interesante tesis doctoral de Sandra Souto Kustrín publicada por la Editorial Siglo XXI: “Y ¿Madrid? ¿Qué hace Madrid?” Movimiento revolucionario y acción colectiva (1933-36), que aunque hay que leer con paciencia, por la gran cantidad de datos que aporta, describe y da nuevas visiones sobre el llamado “bienio negro” en Madrid.
Como homenaje y también referente al Madrid republicano, me gustaría recordar y recomendar con cariño el libro “El niño republicano” de Eduardo Haro Tecglen. Continuando con el compendio, otro libro interesante sobre el tema por su novedoso planteamiento es “La guerra que nos han contado: 1936 y nosotros” de Pablo Sánchez León y Jesús Izquierdo, de reciente publicación. Para rematar esta temática, recomendaremos un libro que destripa la edulcorada y cacareada Transición: “Mitos y mentiras de la Transición” de Bénedicte André Bazzana.
Antes de pasar a las novelas, hay que recordar a la poesía, tan necesaria siempre, aquí también hay conspiradores rara avis a la par que muy interesantes y reveladores. Toda la poesía social de Leopoldo de Luis merece un tiempo de lectura con sosiego; interesante e innovador es Enrique Falcón y su “Poesía a contracorriente”, especialmente reseñable es la reciente obra “11 poetas críticos en la poesía española reciente” de la Editorial Baile del Sol, recopilación en la que están presentes, entre otros, el ya mencionado Enrique Falcón, Antonio Orihuela y Jorge Riechmann; de este último, podemos destacar en su extensa obra su libro “Poesía desabrigada”.
En el apartado de novelas es donde cada vez cuesta más encontrar escritores que se cuestionen el sistema, aunque los hay y muy interesantes. Hace ya tiempo que la mayoría de los escritores no meditan en voz alta sobre el sistema económico que nos fagocita, se da por hecho que la economía de mercado y el capitalismo son conjuntamente el sistema natural que debe existir (casi como el propio oxígeno) y que ya no hay que cuestionarse ningún modelo, pues este es el único posible. Urge, por tanto, una reivindicación de lo colectivo frente a lo individual, pero la mayoría de novelas se mueven en el terreno de lo individual y apenas ninguna traspasa el análisis colectivo, casi todas acaban por ser historias autocomplacientes, con insoportables referencias autobiográficas, salpicadas de una megalomanía insoportable, cuando no de historias de suspense que buscan distraer más que entretener, escritas en un lenguaje de manual de colegio.
Es difícil encontrar novelas que aborden este cuestionamiento del capitalismo y esa reivindicación de lo colectivo, pero las hay, y descubierta una, vamos encontrando obras interesantes y, ¡oh, sorpresa!, no todas actuales, pero sí claramente vigentes. De una forma no muy sistemática podemos encontrar esta pequeña enumeración de nombres y obras a continuación.
En castellano tenemos a Belén Gopegui que tiene cinco estupendas novelas: “La escala de los mapas”, donde reflexiona sobre la búsqueda de un hueco desde el que poder vivir o amar fuera de un sistema agobiante; “Tocarnos la cara”, una forma de reivindicar lo colectivo a través de las experiencias de un grupo de teatro; “La conquista del aire”, una novela formidable sobre si el dinero ha pasado a contaminar todos los planos de nuestra vida y es ya una idea moral inherente en nuestro cerebro; “Lo real”, una novela sobre los trasfondos del sistema y si se puede vivir en el sistema contra el sistema sin formar parte de él o contribuir a su mantenimiento; y por último, “El lado frío de la almohada”, una reflexión y defensa de la revolución cubana y su validez hoy en día. Toda su obra es un ejemplo de coherencia, muy difícil de ver actualmente y con una riqueza literaria desbordante.
Si echamos la vista atrás, podemos encontrar a dos representantes del realismo social de los 50, 60 y 70, cada uno encuadrado en su estilo y en sus décadas correspondientes, pero escritores en la misma línea ideológica de izquierdas y muy vigentes en su forma de concebir la literatura. Armando López Salinas tiene libros que narran a la perfección la posguerra española y el mundo obrero de la época, ahí están “La mina” y “Año tras año”, dos novelas imprescindibles para comprender parte de la historia de este país. Además escribió ex aequo algunos libros de viajes que muestran la crudeza de la posguerra, entre los que cabe destacar el que publicó con Antonio Ferres: “Caminando por Las Hurdes” (que, por cierto, ha sido recientemente reeditado por Gadir). El segundo autor sería Jesús López Pacheco, en la misma línea, pero en su estilo, narra en su obra maestra “Central eléctrica” los comienzos del desarrollismo franquista (un capitalismo sui generis) y del auge de la despoblación rural y la falta de respeto por el medio ambiente (cuya herencia nos ha llegado en forma de campos de golf y de especulación por doquier). Sus cuentos son también muy atrayentes, en especial “Lucha contra el murciélago y otros cuentos”.
Otro libro interesante de una escritora actual es “Animales domésticos” de Marta Sanz, donde se critica el concepto de familia burguesa aplicado a la clase media, se pone de relieve la incomunicación que genera el capitalismo- y que afecta a colectivos como la familia-, y que las consecuencias nefastas son, entre otras, una tendencia al individualismo más exacerbado.
En el mundo del cómic hay dos autores que conviene tener en cuenta: Miguel Brieva y Kalvellido. Del primero podemos destacar sus cómics en el periódico quincenal “Diagonal” y su libro “Bienvenido al mundo”, y del segundo sus dibujos en www.rebelion.org y también sus colaboraciones con “Diagonal”.
Para terminar, citaremos algunos libros inclasificables pero que merece la pena leer, en ellos y también en sus autores podemos encontrar materia conspirativa y análisis muy certero de la realidad, mezclado con un estilo muy personal de hacer literatura, así tendríamos: “Ampliación del campo de batalla” de Michel Houellebecq, “Hacia la boda” de John Berger, “El corazón es un cazador solitario” de Carson Mc Cullers, “Los detectives salvajes” de Roberto Bolaño, “Asesinatos S.L.” de Jack London, “Cartas a los años de nostalgia” de Kenzaburo Oé, “Lo queremos todo” de Nanni Balestrini y “Escupiré sobre vuestra tumba” de Boris Vian.
Tan solo nos queda ya leer (que no es poco) y con la literatura como herramienta transformar el sistema, intentando que la sociedad sea otra mejor y más justa y no la que tenemos. Ya pronto será verano y aquí tenéis muchas sugerencias útiles al respecto e interesantes, ¡que las disfrutéis! Salud, acción y lectura.